Universidad
Politécnica de Madrid

Nuestro deber como científicos es divulgar no sólo nuestro trabajo, sino por qué y cómo lo hacemos

Eduardo Oliva ha sido elegido por sus compañeros del Instituto de Fusión Nuclear de la UPM “Marie Sklodowska-Curie Actions fellow de la semana”. El motivo, su elección para asistir a los Lindau Nobel Laureate Meetings.

03.04.2017

The Lindau Nobel Laureate Meetings nacieron en 1951, con el deseo de rescatar a los científicos alemanes de su aislamiento tras la Segunda Guerra Mundial, crear una red entre ellos y superar las barreras entre los estados y también entre las mentes.

Desde sus inicios, han sido la antítesis del aislamiento. A lo largo de los años, más de 430 Premios Nobel han aceptado la invitación para tomar parte en estos encuentros que han reunido a cerca de 35.000 jóvenes investigadores menores de 35 años de todo el mundo.  Entre ellos, Eduardo Oliva, Marie Sklodowska-Curie fellow del Instituto de Fusión Nuclear de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) en la actualidad.

Ingeniero industrial por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), Eduardo Oliva estudió Ciencias Físicas en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), así como un doble doctorado entre la UPM (Ciencia y Tecnología Nuclear) y l’École Polytechnique (Física) en Francia.

A su curriculum ha unido la participación en la 66ª edición del Lindau Nobel Laureate Meetings, recientemente celebrada en la ciudad alemana de Lindau. Una oportunidad que se materializó después de pasar un exigente proceso selectivo en competencia con estudiantes internacionales de doctorado e investigadores postdoctorales de diferentes nacionalidades, que representan la nueva generación de científicos.

Pregunta.- Háblenos de su actividad investigadora. ¿En qué se centra?

Respuesta.- En la actualidad estamos rodeados de láseres que emiten en el infrarrojo y en el visible, con aplicaciones que van desde los lectores de CD y DVD a los tratamientos médicos. Mi investigación se centra en el desarrollo de láseres que emitan en el utravioleta extremo (XUV) o incluso en los rayos X. Estos láseres permiten, entre otras cosas, hacer imágenes tridimensionales de virus y macroproteínas o detectar contaminantes atmosféricos.

Eduardo Oliva junto a Takaaki Kajita, Premio Nobel de Física 2015.

P.-  Los Lindau Nobel Laureate Meetings fomentan el intercambio de experiencias entre científicos de diferentes generaciones, culturas y disciplinas. ¿Cuál ha sido el resultado en su caso?

R.- Asistir a esta reunión ha sido una experiencia única, tanto en el plano personal como profesional. La organización del evento hacía posible que los jóvenes científicos nos juntáramos entre nosotros y con Premios Nobel en un ambiente distendido. Esto favorece el intercambio de ideas, experiencias y opiniones no sólo en el ámbito puramente científico, sino también sobre otros temas tanto laborales como personales y de ocio. Estas discusiones con Premios Nobel y compañeros me han motivado para continuar con mi carrera investigadora y docente y tratar de hacer cosas nuevas. ¡Parece que la motivación y la innovación son ingredientes necesarios para ganar un Nobel!

P.- El encuentro, dedicado en esta ocasión a la física, ha girado en torno a la tecnología cuántica, la materia oscura y la física de partículas.  ¿Qué ha aprendido?

R.- En el plano científico aprendí bastante sobre el estado actual de temas candentes en Física: el futuro de la astronomía de ondas gravitacionales (detectadas en 2016), investigación más allá del Modelo Estándar, la física de neutrinos (partículas “fantasmales” que pueden atravesar años luz de plomo pero que podemos detectar), las aparentes paradojas de la Mecánica Cuántica y el futuro de la computación cuántica. Por otro lado, me sorprendió gratamente ver el interés de empresas (como Mars e IBM) en campos de la Física e Ingeniería como son la materia blanda (soft matter), el Big Data y el Cambio Climático

P.- Tener como mentores durante unas horas a tantos Premios Nobel, es una ocasión casi única en la vida de un investigador ¿Qué impacto ha tenido para su carrera la asistencia a la reunión?

R.- En el plano personal ha sido una experiencia muy enriquecedora. El haber podido discutir de temas tan variados como la educación, la igualdad o los problemas de la carrera investigadora con Premios Nobel y colegas me ha motivado para tratar de innovar en mi trabajo como docente e investigador. En el plano profesional tengo la sensación de que, por desgracia, este tipo de premios están menos valorados que la antigüedad laboral, por poner un ejemplo. Aun así, está por ver cómo afectará a mi carrera profesional.

P.- Fomentar el intercambio entre científicos de diferentes generaciones, culturas y disciplinas es uno de los fines de este encuentro. ¿Está la física necesitada de científicos jóvenes?

R.- Como cualquier disciplina, la física necesita un equilibrio entre científicos maduros, que aporten experiencia, científicos jóvenes que traigan ideas nuevas y un entorno que favorezca el intercambio entre unos y otros. El Lindau Meeting logró estos objetivos gracias a un programa que favorecía las reuniones informales entre Premios Nobel y jóvenes investigadores.

El verdadero reto consiste en lograr esto en el lugar de trabajo. Probablemente la Física necesite, más que científicos jóvenes (los hay, y de un gran nivel), oportunidades para estos, un mínimo de estabilidad laboral y una progresión en la carrera científica acorde con los méritos de cada uno.

Eduardo Oliva junto al Premio Nobel de Física Hiroshi Amano. 

P.- En cuanto a formación y nivel de conocimiento, como joven científico español, ¿se ha sentido par entre sus colegas? ¿Cómo ha sido el ambiente en las discusiones?

R.- Mi caso es curioso, puesto que estudié Ingeniería Industrial, especialidad Técnicas Energéticas, en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial de la Universidad Politécnica de Madrid y me doctoré en la misma universidad en Ciencia y Tecnología Nuclear. Aunque la mayor parte de los asistentes eran físicos, en ningún momento me sentí fuera de lugar. Las discusiones siempre eran informales y distendidas. Todos teníamos conocimientos suficientes para entender grosso modo las charlas y, más importante, curiosidad por aprender. Y, por supuesto, merece la pena decir que Hiroshi Amano, premio Nobel por la invención del LED azul, empezó su charla diciendo que él no era físico, sino ingeniero.

P.- Otro de los objetivos de los Lindau Nobel Laureate Meetings es involucrar a la sociedad en el diálogo sobre la importancia de la educación, la ciencia y la investigación. ¿A qué cree que se debe y cómo valora la falta actual de vocaciones científico-tecnológicas?

R.- Como buen científico, voy a cuestionar que falten vocaciones científico-tecnológicas. Es verdad que no dispongo de datos, pero veo todos los días en mi lugar de trabajo (la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la UPM) a muchos jóvenes estudiando diferentes ingenierías y he podido comprobar que las carreras científico-tecnológicas siguen estando entre las que tienen una mayor nota de corte para entrar.

Así pues, aunque con estos datos no pueda asegurarlo, no creo que el problema sea una falta de vocaciones. Más bien, el problema es la percepción social. Por un lado, todas las encuestas indican que la sociedad valora a los científicos, pero, por otro lado, la sociedad tiene miedo de las ciencias matemáticas y físicas, considerándolas materias difíciles, oscuras y poco creativas. Incluso ciertos sectores abrazan abiertamente el anumerismo y las pseudociencias. Las redes sociales y, lo que es indignante, algunos profesionales de medios de comunicación amplifican estas falacias con una increíble falta de sentido crítico.

Aunque considero que vamos por el buen camino, creo que es nuestro deber como científicos es divulgar no sólo los resultados de nuestro trabajo sino por qué y cómo lo hacemos; las diferencias entre ciencias y pseudociencias; la belleza y la creatividad que se esconde detrás de nuestras “fórmulas” matemáticas y la importancia de educar y saber utilizar el sentido crítico.

P.- Han discutido acerca de los últimos descubrimientos en su campo. El físico y matemático británico William Thomson (Lord Kelvin) en su discurso ante la Asociación Británica para el Desarrollo Científico, 1900, aseguró: “Ya no queda nada por descubrir en Física. Sólo queda aumentar más y más la precisión de las medidas experimentales”. Sin embargo, el progreso de la Física en los últimos 100 años ha sido notable. ¿Qué retos inmediatos tiene planteados?

R.- Trataré de dar una respuesta corta englobando gran parte de estos retos en dos categorías. En primer lugar, creo que el principal reto de la física fundamental es ir más allá del Modelo Estándar. Este modelo funciona extremadamente bien en su rango de aplicación, explicando las partículas y fuerzas que observamos. Su último gran éxito ha sido el descubrimiento del bosón de Higgs. Sin embargo, seguimos sin encontrar la manera correcta de introducir la interacción gravitatoria en este modelo o de saber qué son la materia oscura y la energía oscura. Sabemos que están ahí, pero no sabemos qué son.

En segundo lugar, la física aplicada y la ingeniería se enfrentan a un reto más difuso. Éste consiste en utilizar los conocimientos adquiridos para desarrollar aplicaciones que beneficien a la sociedad. La computación cuántica es el paradigma de este reto, aunque yo prefiero pensar en otras aplicaciones, como el tratamiento de tumores mediante nanopartículas y radiaciones o la aplicación de las leyes de la mecánica estadística al comportamiento de la economía y la sociedad, un campo que está emergiendo en la actualidad y que me fascina.

Eduardo Oliva junto a George Smoot, Nobel de Física 2006

P.-  En Lindau le hemos visto compartir momentos con George Smoot, Nobel de Física 2006, y autor del libro “Arrugas en el tiempo” en el que afirmaba que “el conocimiento científico siempre es provisional, siempre está en discusión”. ¿Este permanente cuestionamiento del conocimiento es uno de los atractivos de la actividad del científico?  

R.- Antes de todo, me gustaría aclarar que no cuestionamos permanentemente todo el conocimiento científico. Por ejemplo, ningún científico cuestiona que se use la ley de gravitación de Newton (la que estudiamos en el colegio) para calcular cuánto pesamos. Sabemos que funciona en ese caso, al igual que sabemos que no funciona si queremos diseñar un GPS. Ahí necesitamos la teoría de la Relatividad General de Einstein. Y de nuevo, no nos cuestionamos si sirve en ese caso o no, porque sabemos que funciona. A cambio, nos podemos cuestionar si la Relatividad General sirve para explicar las curvas de rotación de ciertas galaxias (en cuyo caso tenemos que aceptar la existencia de algo llamado materia oscura) o desarrollar nuevas teorías. En conclusión, la Física está asentada en sólidas bases que otros cuestionaron en su momento. Son las fronteras de este conocimiento las que están en constante cuestionamiento y expansión.

Con este matiz aclarado, puedo afirmar que, efectivamente, éste es uno de los atractivos de la carrera científica. Yo siempre he sido curioso, me preguntaba cómo y por qué funcionan las cosas y trataba de averiguarlo en la medida de mis posibilidades. Esta es la base de la ciencia: preguntar “¿por qué?”, descubrir si alguien ya respondió a esa pregunta y tratar de mejorar la respuesta.

P.-  Debe ser abrumador compartir pensamiento y espacio con tantos Premios Nobel…

R.- La palabra es “enriquecedor”. Al principio, efectivamente, te sientes abrumado. Pero luego te encuentras hablando con Vinton Cerf (uno de los padres de Internet) sobre sus libros favoritos de ciencia ficción; Roy Glauber te cuenta como Wolfgang Pauli le dio un balonazo mientras le hacía una foto (y te enseña la foto del balón viniendo hacia la cámara) y hablas con Brian P. Schmidt de igualdad en la universidad sentado en el césped de la isla de Mainau. Enseguida te das cuenta de que tanto los galardonados como tus compañeros son personas extremadamente brillantes, excepcionales, pero personas, al fin y al cabo, con las que puedes hablar y a las que debes preguntar. Si te quedas simplemente con el asombro, no disfrutas ni aprendes de esta experiencia.